domingo 20 de diciembre de 2009

Lógica


- Los hombres que a mí me gustan no saben llorar - le dije a mi hijo, que me miraba con los ojos anegados en lágrimas - Los hombres que a mí me gustan son fuertes.

- Entonces, no quiero gustarte - me contestó, levantando firmemente su barbilla pequeña.

jueves 17 de diciembre de 2009

El despertar

No pudo despertarla. Cuando Tomás dijo que había terminado y retiraron la sábana azul que cubría los hombros y la cabeza, ella sólo pudo pensar en qué indefensa se veía. Qué pálida. Miles de recuerdos de cenas familiares en pijama y cumpleaños infantiles la inundaron y abrieron las compuertas de su alma. Inútilmente, trató de que respirara por sí sola, pero aquellos pulmones que habían dado aliento a los cuentos de su infancia se negaron a caminar de su mano. Derrotada, llamó a su compañera para que siguiera ella. Y se dejó caer en una esquina. Con la mirada demasiado aterrada como para poder llorar. Jamás debió ofrecerse para anestesiar a su madre.

viernes 11 de diciembre de 2009

Entrevista

“Bicho gafoso de mierda” . El apelativo con el que el Juancar le martirizaba en sus días de colegio resonó en su cabeza, como siempre que se sentía inseguro. Molesto, se ajustó el nudo de la corbata. “Recuerda que eres adulto” – se dijo – “Y un candidato idóneo para este puesto”.
- Sr. Martínez, puede pasar.
Al otro lado de la puerta, le devolvieron la mirada unos ojos familiares.
- Hombre, bicho gafoso de mierda.
Su confianza se diluyó en la sonrisa de su mayor enemigo de infancia.

sábado 5 de diciembre de 2009

La princesa de hielo

La novela se inicia con el macabro descubrimiento de un cadáver helado en una bañera. En Suecia (el reino de la novela negra), es invierno y, sobre el agua de la bañera y sobre la chica que estaba bañándose en ella, se ha formado una fina capa de escarcha. Erica Falk, una escritora de biografías agobiada por los plazos de entrega de su quinto libro, es la que tiene la mala suerte de descubrir el cadáver. O, mejor dicho, de descubrir como al vigilante de la casa le da el patatús por descubrir el cadáver. Así se ve envuelta, no sólo en el asesinato de una ex-compañera de estudios, sino en un torbellino de acontecimientos que pondrá su vida patas arriba.
Mil veces más recomendable que el tostonazo de Millenium, aunque con el mismo toque sueco, eso es indudable.
Para honrar a ese gran país de "princesas de hielo", voy a poner un plato que atormentó mis días infantiles. A mi madre, cuando lo vea, le va a dar un patatús. Pero mi padre ganó un concurso de gastronomía con él, así que debe estar bueno.
Pudín de col (Kalpudding)
Se pica una col blanca y se guisa en agua con sal. Se escurre y se extiende en una fuente de horno. Se vierten por encima ajitos picados y fritos en poco aceite de oliva y tres huevos batidos. Se revuelve todo y se lleva al horno, a fuego bajo, hasta que cuaje. Servir caliente.

sábado 28 de noviembre de 2009

Escalera


Ni subido a una escalera conseguiría besarte. Lo sé. Lo he intentado. Y me caí. Y me rompí el brazo. Cuando salimos del hospital, papá me preguntó por qué lo había hecho. Y puso esa cara rara que pone siempre que hablamos de ti. Y luego me acarició la cabeza y me dijo: “Mamá está en el cielo, cariño. Ahí no llegarás con una escalera”.
Pero, por más días que paso mirando las nubes, no consigo verte.
Actualización 9/12/2009: Este cuento fue seleccionado como finalista del Concurso "Relatos en cadena" de la cadena SER. Desgraciadamente, no pudieron dar conmigo por falta de cobertura (es lo que tiene trabajar en un quirófano), así que finalmente me descalificaron. Pero me queda la satisfacción de saber que fui de las tres mejores entre casi mil participantes. Otra vez será.

miércoles 25 de noviembre de 2009

Luna de verano

Bajo un inclemente sol de verano, el castillo de sir Buckstone Abott, que subsiste gracias a los invitados de pago, se revoluciona por las pasiones que enciende el buen tiempo. Joe quiere a Jane, que quiere a Adrián, que, a su vez, es el prometido de la Princesa Von und Zu Dwornitzchek, cruel madrastra de Joe y de Tubby, que, a su vez, quiere a Miss Whittaker, secretaria del castillo. Si a esos tira y afloja, añadimos la venta en ciernes del castillo, la visita de un excéntrico tío americano y la maestría y el fino humor de P.G.Wodehouse, tenemos en nuestras manos la receta para pasar una tarde de lo más agradable.
Para muestra, un fragmento:
"-¿No le pasa a usted - dijo a Joe - que después de que le sirvan los entremeses se da usted cuenta de que realmente lo que quería eran sardinas?
- Creo haber explicado bastante concretamente que lo que quiero es a usted.
- No, hombre. Quiero decir sardinas en vez de ensaladilla de patatas y berzas en vinagre.
- Vale más no extraviarnos por los caminos de la ensaladilla de patatas - dijo él - Me parece que no se ha dado cuenta de que le he dirigido el máximo piropo que puede dirigirse a una mujer, como he leído en no sé dónde.
- Ya,ya lo he notado.
- Entonces, vayamos al grano y dejémonos de banalidades de la berza en vinagre y demás. Le he pedido que se case conmigo. ¿Por qué no acepta?
- Porque he hecho a mi madre solemne juramento de no dar promesa de matrimonio a un hombre a los cinco minutos de conocerlo.
- No hace cinco minutos. Hace más de veinte"
Disfruten de la novela. Es realmente deliciosa. Y de la receta acompañante. Aunque, tal vez, preferirían sardinas.
Ensaladilla alemana
Picar una cebolla morada finita. Ponerla en un cuenco cubierta con vinagre y añadir una cucharada de azúcar y dejarla reposar. Cocer unas 6 u 8 papas en un recipiente de agua con sal. Cuando estén blanditas (al pincharlas con un cuchillo), escurrir el agua y picar las papas finitas. Escurrir la cebolla y añadirla a las papas. Regar con abundante pimienta negra recién molida. Añadir un bote de mayonesa y un chorrito de cerveza. Y servir bien fría.

martes 24 de noviembre de 2009

Amapola


¡Se aproxima el fin del mundo!¡Dios, se aproxima el fin del mundo!- gritó el hombre por el camino, dejando tras de sí un rastro de pensamientos polvorientos y de desesperanza. La flor lo observó atentamente. ¿Qué sería? De pronto, le cayó una lágrima en la corola. ¿Una nueva clase de lluvia? El hombre, sentado al borde del camino, acarició los pétalos rojos con un dedo. Tal vez - pensó ella - una nueva clase de brisa. De repente, sintió un dolor taladrante en el tallo. El hombre aspiró el aroma de la amapola arrancada y la tiró al asfalto, con un gesto de fastidio.
Había llegado el fin del mundo. Y él, el causante, aún no se había dado cuenta.