"El blog imaginario" es una novela que se publica por posts. Si quieres sabes de qué va, lee la pestaña de la parte superior del blog.
Cuando era pequeña, mi madre, si quería avisar a mi padre de que yo andaba por los alrededores y había que moderar el lenguaje, decía: "Cuidado, que hay ropa tirada" (Yo creo que quería decir "tendida" y que se hacía un lío). Hoy me he acordado de la expresión, pero, esperad, que os cuento por qué.
Durante un par de semanas, elRey yo yo hemos vivido entre cajas, pero, al fin, el "nidito" está habitable. Él me ha tirado unas dos bolsas de zapatos que ya no me ponía y yo, a cambio, le he tirado los libros del MIR y unos veinte pósters de tías en bolas:
- ¿Cómo se te ocurre traerte esto? - le pregunto, al abrir una caja.
- No, si te parece, se las dejo a mi madre de recuerdo - me contesta.
- Hay una cosa que se llama reciclaje de papel, guapo.
Total, que después de la necesaria purga mutua, estamos en paz. Así que, ayer por la noche, después de llegar de trabajar, decidimos darnos un homenaje. Descorchamos una botella de vino y pedimos unos cuantos platos al chino de la esquina. Había sido una semana eterna y nos merecíamos el ratito de relax. Y, claro, una cosa llevó a la otra y terminamos dejando los restos de la cena en el salón y el recorrido hasta la cama lleno de prendas de ropa.
Al día siguiente, él se despertó antes que yo porque le sonó el móvil. Empezó a apartarse con cuidado, pero apenas se había separado unos centímetros cuando abrí los ojos.
- Lo siento - dijo, con una sonrisa - Tengo que acercarme al hospital a pasar planta. No quería despertarte.
Sonreí, medio adormilada. Le di un beso en la nariz y se marchó. Permanecí tumbada, ahora ya despierta, en la cama tibia, considerando la posibilidad de levantarme, preparar café, darme una ducha...y entonces sonó el timbre. Sonreí, de nuevo, levantándome, con pereza.
- Ya se ha olvidado las llaves - rezongué, como si fuéramos un viejo matrimonio y le hubiera pasado mil veces. Y abrí la puerta. Y allí, en el dintel, todas sonrientes, estaban La Castafiore y su fiel Irma. Contuve a duras penas el grito de terror y las ganas de estromparle la puerta en las narices.
- Hola, hola,hola - gorjeó, alegremente, mi futura suegra, echándome una Mirada Suegril. Para los afortunados mortales que no sepan de que se trata, la Mirada Suegril consiste en una mirada de arriba a abajo en la que evalúa todo (desde el pelo alborotado y lleno de nudos de la furia de anoche, los ojos con el rímmel a medio retirar y legañosos, el pijama que llevaba puesto - que era del Rey - hasta terminar en los pies descalzos) y que luego se acompaña de un alzamiento de ceja derecha en el que resume lo poquita cosa que te considera para su niño - ¿No es un poco tarde para estar en pijama?
- Pues, no - contesté, aturdida - Es sábado, pero, claro, si hubieras avisado...
- Uy, perdón - contestó ella, con sorna - No pensé que tuviera que avisar para venir a casa de mi hijo...
"Pues sí. Porque no es sólo la casa de tu hijo. También es mi casa. Y prefiero que no me pilles con estas pintas. Algo de derecho a la intimidad, doña" - pensé, mientras Irma se agachaba a recoger un sujetador y un tanga del suelo del salón. Pero no lo dije. Le arranqué a mi cuñada la ropa interior de los dedos y recogí apresuradamente el resto y les invité - Bueno, en fin, sentaros que voy a vestirme. Enseguida estoy aquí.
Tardé dos milisegundos en ponerme unos vaqueros y una camiseta, pero ya el comando familia política había recogido los envoltorios del chino y estaba fregando los platos a cuatro manos.
- No, por Dios, dejádlo, que ya lo hago yo. Dejádme que haga café ¿Os apetece un trozo de tarta? Ayer hice una de manzana.
- ¡Ah! pero...¿sabes cocinar? - pregunta La Castafiore, como si yo le hubiese dicho que tenía un máster en Ingeniería Aeronaútica - ¡Qué sorpresa! No creo que llegue a la altura de mis tartas, pero la probaré.
Queridos Jomeinistas, yo no sé si llegaré a la boda sin cometer suegricidio.